Lectura para Joven
Entre finales del siglo XIX y principios del XX, la aparición de la electrónica revolucionó los procesos industriales y tecnológicos en todo el mundo. A partir de la década de 1870, inventores como Thomas Edison, Nikola Tesla y Guglielmo Marconi sentaron las bases de la generación, transmisión y comunicación eléctrica, lo que permitió la implementación de sistemas industriales más eficientes y complejos. La electrificación de fábricas y ciudades transformó la producción, reduciendo la dependencia de energía hidráulica y de vapor, y abrió la puerta a la automatización parcial de procesos.
El telégrafo inalámbrico de Marconi (1895) y el desarrollo de la radio marcaron un hito en las telecomunicaciones, al permitir la transmisión instantánea de información a grandes distancias. Esta innovación facilitó la coordinación de mercados internacionales y la expansión de redes comerciales, convirtiéndose en una herramienta estratégica tanto para empresas como para gobiernos. Al mismo tiempo, la invención de motores eléctricos y generadores mejoró la precisión en la manufactura, reduciendo los tiempos de producción y aumentando la calidad de los productos. Este periodo coincidió con la estandarización de componentes eléctricos y la introducción de sistemas de medición y control, fundamentales para la ingeniería moderna.
El impacto social fue igualmente profundo. Las ciudades comenzaron a modificar sus ritmos de vida gracias a la iluminación eléctrica, que extendió las jornadas activas y permitió un mayor desarrollo del comercio nocturno. El alumbrado público eléctrico también transformó la seguridad en las calles, generando cambios en la movilidad urbana. Sin embargo, el acceso a estas innovaciones no fue homogéneo. Mientras que Estados Unidos, Alemania y Reino Unido se electrificaron rápidamente, regiones como Europa oriental, Asia y América Latina permanecieron en gran medida dependientes de fuentes tradicionales de energía. Esta desigualdad tecnológica generó una brecha en la formación de profesionales capacitados, incentivando la creación de escuelas técnicas y universidades especializadas en ingeniería eléctrica y electrónica.
La industria eléctrica no solo modificó la producción, sino también sectores como el transporte y la comunicación. Los tranvías eléctricos reemplazaron a los sistemas de caballos y vapor, facilitando un crecimiento urbano más ordenado. Asimismo, la radio se convirtió en un medio masivo capaz de influir en la política, la cultura y la opinión pública, con particular fuerza durante la Primera Guerra Mundial, cuando la información instantánea se volvió un recurso estratégico.
Desde la perspectiva económica, la electrificación favoreció la creación de grandes corporaciones y consorcios internacionales, que consolidaron mercados globales y promovieron inversiones en investigación aplicada. Empresas como General Electric en Estados Unidos y Siemens en Alemania se transformaron en líderes globales, estableciendo un modelo de competencia basado en la innovación continua. Esto dio origen a ciclos tecnológicos acelerados, donde los avances dejaban obsoletas las tecnologías previas en cuestión de pocos años.
No obstante, este proceso también tuvo consecuencias sociales. La creciente dependencia de la electricidad hizo más vulnerables a las ciudades ante apagones o fallas en el suministro, y los países que no lograron electrificarse a tiempo quedaron marginados de los beneficios del progreso industrial. La electrificación, por tanto, fue al mismo tiempo una fuerza democratizadora del acceso al conocimiento y una fuente de desigualdad estructural.
En conclusión, la Era de la Electrónica entre 1870 y 1930 representa un periodo de transformación profunda, no solo tecnológica, sino también social, cultural y económica. Su análisis permite comprender cómo la innovación disruptiva puede generar ventajas competitivas, desigualdades regionales y cambios en la organización política y social. La lección histórica es clara: la adopción tecnológica requiere simultáneamente inversión, regulación y formación especializada para maximizar beneficios y minimizar riesgos sociales y económicos.